La hora del juicio ha terminado

 

La hora del juicio ha terminado


Imagen del libro - Las cosas olvidadas de Juliana Muñoz Toro



 









Me pasó algo,

un 06/02/2025 el día sin carro en Bogotá,

tenía que llegar a compartir mi practica de yoga,

a las 6:30 am,

por ser dìa sin auto o moto,

mi querida Lupe 3.0 no podía acompañarme…

 

Me levante más temprano a las 5 am,

Empecé a solicitar un taxi,

desde las 5:30 am en diferentes apps,

cuando a las 6:00 vi que nada me confirmaba

y que el único que me confirmo cancelo,

ya empecé a preocuparme…

 

Decidí salir a buscar un taxi,

Pasaban los minutos y no encontré taxi libre,

me empecé a preocupar,

mas considerando que donde vivo el transporte

público es muy lejano y escaso.

 

En medio de la ansiedad y la angustia,

que ya podía sentir en mi cuerpo…

Latidos más rápidos,

manos sudorosas,

esa molestia en la panza…

 

Le escribí a Juli,

estoy corriendo no encuentro transporte,

no pensé en realidad que fuera tan difícil…

 

Igualmente, llegue a mi estación más cercana,

-          A veinte minutos de mi casa –

No recordaba que estaba cerrada por reparaciones…

6:20 am… empecé a correr para

llegar a la otra estación,

Con el corazón en la mano,

mucha angustia…

 

En mi cabeza surgieron mil y un juicios:

-          Soy la peor

-          Debí prever esto

-          Debí levantarme a las 4 am

-          Hubiera mejor pensado en la bici

-          Que va a pensar Juli

-          Las chicas ya deben estar llegando a la practica

-          Que van a pensar las chicas

-          Como pude hacer esto

-          Esto solo me pasa a mi

-          La mas despalomada

-          Que tipo de profe soy

-          Que mala persona…

-          Tienen razón no soy tan buena

 

En un momento, ya en la estación próxima,

Más cercana- a 7 minutos de donde estaba-,

Alcance a entrar y me seguía repitiendo

una y otra vez en mi cabeza

las palabras del juicio final…

 

Pero mire el móvil,

Juli ya me habían respondido mi mensaje,

-          Ya voy a dar yo la clase…

Volví a respirar, dije gracias universo,

y justo cuando respire profundo,

hice conciencia de mi cuerpo,

de sus sensaciones,

solo en ese instante,

pude volver a pensar con claridad…

 

Me di cuenta que nada más lindo

y más maestro que la vida en sí misma.

Diciéndome: Para, respira,

Desde la tormenta no se ve con claridad…

 

Volví a respirar profundo,

Y solo en ese momento me pude decir,

Tranquila diste lo mejor,

buscaste las soluciones que tenías a tu alcance,

esto no te hace buena ni mala,

es una situación,

no de define,

aprende e integra lo que te vino a enseñar…

 

Entonces me acorde de algo que me encanta,

compartirles en las prácticas,

y que procuro integrar en mi día a día,

yoga no se da únicamente en el tapete de yoga,

y más allá de tu técnica, linaje,

escuela, formación…

El llamado es encontrar esa semilla,

que va dejando la práctica constante

en ti, incluso cuando no estás en el tapete.

 

Encontrar en esa tormenta

de este instante que les describo,

donde la mirada se nubla,

el centro,

ese lugar de serenidad y calma,

ese tu, más acá de cualquier ventarrón,

tu esencia divina e inmutable,

esa que se mantiene siempre imperturbable,

que no se derrumba ni por un gran huracán.

 

Pude verme, desde lo que causa la identificación

con las fluctuaciones de la mente,

una desconexión total,

que se va traduciendo a los lenguajes corporales

e incluso a tu diálogo interno,

te lleva ineludiblemente al juicio,

desapareces, no te ves a ti mismo,

hay mucha niebla como para verte…

 

Y algo tan sencillo como respirar,

profundo, puede ser esa ancla que te lleve

de retorno al corazón…

que rico, saberte humano,

comprender que,

hay cosas que pasan mas alla de tu control

y si que se siente bien soltar ese control…

y al soltarlo permitirte fluir,

liviano pero con toda la fuerza que da

el amor infinito que todo lo sostiene,

sea como sea que lo veas

Dios, fuente suprema, universo…

 

Solo desde esta mirada profunda,

podemos entender que no hay juicio

más allá del que se da en esa continua

Identificación con la mente,

podemos entender que no estamos aquí

para juzgar a nadie y menos aun

para juzgarnos a nosotros mismos.

 

Y eso para mí,

es un poema de libertad…

 

Al final aun con las piernas temblorosas,

del camino de 27 minutos que sentí

como media maratón,

Retorne a casa, abrazando mi vulnerabilidad.

Dejando el juicio atrás e integrando esto

Que me pareció tan y tan bello

Y quería compartirles.

 

Y vean como es cierto,

No solo se debe respirar profundo en el tapete,

Se debe respirar profundo y en profunda conciencia,

Siempre que sintamos la necesidad de volver al centro,

De regresar a esa serenidad y esa calma natural en nuestro ser.


Les abraza

Amanda María Ceballos Villa

Amy María con alma, mágica, de colores y gris.

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