Una forma de amar

La práctica más bella que mi ser ha experimentado, me hace libre, me derrite el corazón, me suaviza, me baja de todo ego lesivo, me expande, me saca indudablemente de la ilusión pesada de la separación y me alivia todo peso, con la sonrisa del alma. ¿Alguna vez tú has encontrado algo que te haga sentir eso?, porque sin dudas esa es tu práctica maestra, llave del alma…
Servir, para mí, es mi llave del alma, es una práctica meditativa profunda, de las más bellas y silenciosas, cuando viene del corazón no espera reconocimientos o adulaciones, es entrega, mirada amorosa, manito que se extiende, corazón que se abre y abraza, es estar disponible, para nosotros mismos y para quien lo necesita, sabernos instrumentos y extensiones del amor infinito que todo lo conecta. Me encanta el refrán popular que dice: “Que tu mano derecha no vea el actuar de tu izquierda”, para mí lo sintetiza todo, compensación sagrada, siento que el universo siempre va alineando los caminos y el servir abre puertas de esas profundas de corazón, de alma, de universos, de sincronicidades y armonías.
El servicio, en mi más auténtico sentir, empieza con nosotros mismos, es ese poder vernos y reconocernos, descubrir profundamente quien somos y cuales son realmente nuestras necesidades, mas allá de todas las creadas y las que vienen de fuera y simplemente adoptamos por costumbre, rutina, porque sí, sin más, sin pasarlo por el corazoncito y muchas veces incluso sin entenderlo. Cuando, podemos servir a nuestras necesidades más profundas, nos abrazamos tan auténticamente, reconociendo nuestros tiempos, que nos hace frágiles, vulnerables y que nos hace sentir fuertes, en armonía, felices e imparables, servirnos a nosotros mismos, considero es la más difícil de las misiones, porque nos han enseñado que todo lo que está bien va hacia afuera y se olvida de lo propio, se ha normalizado darlo todo afuera sin importar que adentro llueva sin pausas o sea un desolado desierto, entonces servirnos implica desaprender.
Primero es preciso, servirnos en función de nuestro jardín interno, reconciliarnos con nuestras raíces, abrazar la belleza de nuestro tronquito y abonar para que sus ramitas crezcan fuertes, le cuidamos con amor y entrega para verle florecer y que lleguen a él los colibríes, que se deje sostener por esa tribu de almitas, que también le van a nutrir y a quienes también nutrirá, puede que sin darse cuenta, que no nos percibamos más, como seres solos y separados, porque eso es parte del sueño pesado de la tristeza del alma. Que sea el arbolito mas fuerte frente a las grandes tormentas que también son parte del camino, que sea flexible para que no lo tumbe cualquier viento, que sonría desde el alma y lo más importante que se deje de identificar con todo lo de afuera y reconozca ese oasis que lo hace uno con la fuente suprema, que lo vuelve uno con todo, extensión grata de lo divino en este plano, resplandeciente de autenticidad y confianza. Es este servicio a nosotros mismos, desde mi humilde y amorosa mirada, el principal, frente al cual siento todos y cada uno de los seres en esta experiencia física estamos llamados, por difícil que pueda ser.
Entonces cuando el sol resplandece dentro, estamos listos, para abrazar al otro y lejos de lo que muchos imaginan, el servicio inicia en nuestros círculos más próximos, en nuestra familia, en nuestros círculos de familia de alma (amigos), con quienes nos sirven, desde el portero, al camarero, con nuestro jefe, pero aún más con quien nos sirve el cafecito de la mañana, servir a veces puede ser tan solo, mirar a los ojos, preguntar el nombre del ser que tienes en frente, decir una palabra de aliento o extender la mano cuando un viento fuerte ha hecho tambalear. Servir también puede ser, una compañía en silencio, un beso en la frente o tan sencillo como lavar la ropa en casa, con todo el amor, o decirle a quien amas que le amas, sin guardar eso para un mañana incierto. Servir puede verse como apoyar en esas causas que muchos ven como pequeñas, compartir tu conocimiento, ver lo bueno en el otro e incluso alejarte si es necesario y ya se ha cerrado un ciclo…
Servir, entregarte con infinito amor a lo que sea que sea que estás haciendo, encontrando el profundo sentido que eso encierra, todo lo que sea fruto de un actuar en amor, es amor puro en sí mismo, vibrante, es ponernos al servicio y estar disponibles. Y créeme cuando te alineas con ello, entras en un continuo servicio, amoroso y expansivo, que sabe cuidar su jardín para poder seguir sirviendo a quien lo necesite en amor, sin fricción, sin afán de adulación o reconocimiento, con profunda generosidad y entrega, dejando todo el corazón en cada una de sus actuaciones y comprendiendo que todo lo que haces por el otro finalmente también lo haces por ti porque sabes, somos uno en esta magia cósmica del universo.
Entonces, no esperaras siempre el momento “perfecto”, o tenerlo “todo”, o tener “mas”, para poder servir como una meditación continua, como un estilo de vida consiente, que te permite habitarte en completo y absoluto presente, sentirte, alinearte con tus ritmos más allá de los externos y te permite así mismo ser un bello presente para cada uno de los seres que coincidan contigo, en este fluir del camino, en estas y en todas y cada una de tus líneas del tiempo.
Déjate sentir y alinéate con tu corazoncito, él sabe la ruta, solo deja de dudar. Les abraza esta eterna aprendiz. Amanda María Ceballos Villa Tu Amy María Mágica de confianza. 20-01-2026.

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