Cuidarnos para vernos
Cuidar – nos para ver-nos.
Todos en estos días hablan de
autocuidado,
algo que en realidad celebro,
me encanta ver que esto está
pasando,
me alegra la idea de que en
realidad
tengamos esa inquietud de cuidar
de nosotros mismos,
por gusto, por amor, por el valor
del ser en sí mismo.
Siempre cuidamos, de nuestros
padres,
de nuestras parejas, de nuestros
hijos, de nuestros amigos
e incluso de nuestras mascotas
y realmente ese cuidado a
nosotros en ocasiones
pasa a un segundo plano
y no es sino tan solo cuando el
cuerpo habla
que empezamos a notar que también
necesitamos cuidar de nosotros
mismos.
Es curioso porque,
se ha dado una movida generacional drástica
que ha volcado a estas nuevas generaciones
al auto cuidado como prioridad,
cuidarse paso a ser
uno de los ítems más importantes
para los más jóvenes y eso está
bien,
no es algo que discuta en lo
absoluto.
Pero realmente es la punta del
iceberg
como lo he venido analizando…
y aunque esta es tan solo mi opinión
la he venido compartiendo en mis
espacios de yoga,
amistades cercanas, familia y
coincidimos en ella,
solo deseo compartirla para
sembrar
una inquietud que anhelo ver
florecer poco a poco.
Este cuidar de nuestros días,
se ha desdibujado un poco,
dirigiéndose a la necesidad de
encajar en la sociedad “perfecta”,
esa que se construye de cada uno
en las redes sociales,
en las imágenes y las fotos “perfectas”,
en lo hago para que me vean,
para ser “visto-a-e”,
pero más allá de ello en muchas
ocasiones
hay grandes vacíos,
de una búsqueda absoluta de aprobación.
Hago ejercicio, hago yoga,
medito,
corro, como saludablemente…
¿Pero lo hago por la delicia de
habitar mi cuerpo?,
y no quiero satanizar las redes,
todo lo contrario creo que en esta época
son las mejores aliadas para transmitir
eso que nos suma en un
mundo donde hay hostilidad de más…
Pero si resaltar el valor de
tener
en claro el por qué nos cuidamos,
la verdadera razón de hacernos
consientes de nuestro cuerpo
como,
mas allá de esas continuas
identificaciones con los personajes que “debemos
ser”.
Esos patrones de perfección,
están causando mucho daño,
por ejemplo no veo nada que aleje
más a las personas de yoga que.
creer que desde la primera practica deberán
pararse de cabeza,
o el pensar que deben llegar
a la práctica siendo los más flexibles.
También ese sentir que sus cuerpos
no son aptos o suficientes y esa
incomodidad
al tener que habitarse, observase,
respirarse, encontrarse en
silencio…
Es por ello, que considero,
todos tenemos un compromiso
de cuidar de nosotros mismos,
trascendiendo el ideal de perfección,
más que por satisfacer patrones,
por derretir barreras que nos han
impedido por siglos mirarnos
y habitarnos tal cual somos,
aceptando el disfrute de nuestros
cuerpos,
la delicia de movernos libremente
de explorarnos.
No sé si exista en el mundo un
gozo mayor,
que el de cuidarnos, vernos sin
miedo tal cual
somos y fundirnos en esa práctica
que nos
hace sentir vivos, mas allá de
identificarnos
en sí mismos con lo que se espera
de nosotros…
No entrenamos, hacemos yoga,
meditamos,
No bailamos o cantamos,
por el cómo saldremos en la foto,
les juro que si lo disfrutamos
ya la foto será la más bella expresión
de vida.
Les invito entonces a cuidar de
su ser
por el pleno y absoluto gusto de
disfrutar
de un cuerpo sano, de entablar diálogos
de amor con este canal físico que les
acompaña,
y sé que muchas veces no es fácil,
yo por ejemplo luche muchos años
con miradas de juicio por mi lunar,
y me costó mucho aceptarme tal cual soy,
pero hoy me miro en el espejo y amo lo que
veo,
lo honro y parte de honrarlo es
cuidarme desde la profunda conciencia de mi
ser
y sin el miedo absurdo que nos genera
el no encajar en ese patrón del “deber
ser”.
Hay cuidado en poder reconocer
nuestro cuerpo, sus fortalezas y debilidades
para así trabajarnos integralmente,
buscando más allá de que nos vean,
vernos a nosotros mismos,
dejando a un lado tantos juicios
del pasado para escribir una
nueva
historia de disfrute sin culpas
de cuidado
desde la identificación de la valía
de mi ser
y desde allí seguramente todo lo que
compartamos tendrá nuestro sello
de autenticidad.
Estoy segura que, poco a poco
ese cuidarnos solo para mostrar,
ira diluyéndose y como lo hace en
yoga,
la práctica constante,
todo ser que empezó su camino
por llenar expectativas ajenas
o encajar en un patrón,
ira encontrando mayor valor
en ese dialogar con su cuerpo,
en ese disfrutarse y así poco a
poco
como humanidad iremos dejando
atrás el ruido del ego para sintonizar
con los llamados del corazón,
donde el amarnos es el punto de partida,
el habitarnos en completo amor
y poder escucharnos en nuestros silencios
sin que esa soledad sea incomoda,
seres que serán para sí mismos la
mejor compañía,
porque solo al encontrar esto podremos
ver al otro más allá de todo juicio
desde el infinito amor.
Te abraza
Amanda María Ceballos Villa
Amy María con alma, mágica, de colores y gris.

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