Ligereza

Ligereza... No solo la que sentimos y transitamos desde el cuerpo y el movimiento… Va de una ligereza más profunda, un poco menos superficial. Esa que se siente en el alma, en cada trazo y verso del corazón, en las rimas de nuestra banda sonora, en las melodías de la sonoteca de nuestra existencia. Por ello, estas líneas me convocan, por que, siento que, a veces NO, nos damos cuenta de cuánto nos pesan los apegos... Lo he vivido en carne propia, ¿Diras apegos? si, apegos a cosas, personas, momentos, relaciones, lugares, trabajos, a lo que fue o incluso a lo que será, a lo que quisiéramos que fuera… Y me viene desde lo profundo de mi memoria que late, esa del cuerpo, esa del alma, esa memoria común de la humanidad, de la antigua sabiduría egipcia, donde se creía que el alma era guiada al juicio final… Y en este juicio, el corazón se pesaba con una pluma. Solo si el corazón era igual de ligero, se podía seguir el camino. ¿Y si esa imagen no fuera solo un mito? ¿Y si pudiéramos vivir de una forma en la que nuestro corazón se sintiera, de verdad, tan ligero como una pluma? Amo ver como a lo largo de la historia todas las culturas han coincidido en lo mismo, en ese llevar ligero el equipaje, siento que esto es parte de nuestra memoria como humanidad… De la sabiduría Indigena - amerindia, todas coinciden en el caminar livianos sobre la tierra, a nivel físico y espiritual. Nuestros ancestros Andinos tienen el principio más bello del universo, para mi, el principio del Ayni, que es reciprocidad y equilibrio. Para vivir en armonía hay que soltar el exceso. Desde la sabiduría Quechua: nos regalan este místico mantra, ¨Solo lleva lo que tu corazón puede sostener¨. Los Estoicos de la Antigua Grecia, nos recuerdan también esta sabiduría olvidada que en realidad es la que nos hace libres: “No es pobre el que tiene poco, sino el que necesita mucho.” Epicteto. El Tao nos invita a fluir con la vida, a no resistir, a no acumular. Lao Tsé decía: “Para obtener conocimiento, añade cosas todos los días. Para obtener sabiduría, elimina cosas todos los días.” Tao Te Ching. Buda enseñó que el sufrimiento surge del deseo y el apego. El camino hacia el Nirvana (La realizaciòn- el samadhi) implica soltar… todo aquello a lo que nos aferramos. “El apego es la raíz del sufrimiento.”. Jesús nos habla, del amor, nos recuerda que, cada quien da acorde a lo que tiene en el corazón, por cuanto el tener por tener en sí mismo, es sólo vacío… Pero el que tiene amor todo lo demás lo recibirá por añadidura. Desde la mistica del Islam los Sufis, coinciden en ello, nos dicen: ¨Tu naciste con alas, ¿Por que prefieres arrastrarte por la vida cargando tus miedos?¨ ¨Viaja ligero, vive simple, ama profundamente¨ Rumi. Toda esta memoria colectiva apunta a lo mismo, y no se trata de no tener, se trata del tener como una consecuencia de vivir en el amor más absoluto, conectados con nuestra verdad, con nuestra autenticidad, procurando el disfrute de cada día del camino... En el fondo, considero que todas estas enseñanzas apuntan a un mismo norte: Menos peso = más libertad. Menos apego = más presencia. Menos ego = más verdad. Desde muy pequeña, aprendí lo que es vivir con lo esencial. Mis padres iban y venían entre Bogotá y Santa Marta, muchas veces empacamos la vida entera en una maleta. Me mudé varias veces, de casa también, y aunque recuerdo con amor algunas casas, lo que más me marcó para siempre fue, el tener la certeza que nuestro hogar no lo constituye el lugar físico, o lo que tenemos, por que todo ello es fluctuante… “Nosotros somos el hogar.” y esto lo aprendí de mis amados padres y de mis musas hermanas. Y para mi, no hay elección más liviana y amorosa que esa, sabernos nuestro propio hogar. A lo largo de los años, he empacado mi vida, muchas veces, y todo se ha resumido en una o dos mochilas. Algunas con emoción, mi vida en Colombia, el ir y venir, entre el mar y la montaña, entre la montaña y el mar, mis dìas en Nueva York, mis dìas en México, el regreso a mi amado Colombia, salir de casa de mis padres, mis días en la aventura del primer amor, y otras con el corazón apretado… Sanas despedidas, cierres, comienzos… Nuevos capítulos, o viajes, Ecuador, España, Portugal, cada rincón mágico en mi país, nuevos amores, nuevos lugares… Pero siempre, siempre, he intentado hacerlo desde la gratitud, aunque a veces en el primer momento, se nuble la mirada y caigan tormentas, me tomo mi tiempo para digerirlo y amalgamar a mi ser cada enseñanza… Termine por entender que cada final trae su regalo, y cada reinicio, su bendición. Cada paso en el camino su grandiosa Maestría… A mis veintinueve años casi treinta, mientras muchos hablan de crisis, yo siento paz, una majestuosa e infinita serenidad y no precisamente por tener todo resuelto. Si no porque mi vida me ha enseñado a ser ligera, flexible, a reinventarme, cada vez que lo requiera, a mudar de piel como la maestra Cobra. Ligera para moverme, para soltar, para empezar de nuevo, para amar sin aferrarme, para quedarme si así lo elijo… y también para irme cuando ya es tiempo. Hoy, nuevamente, estoy por empacar mi vida en una maleta. Y lo haré, una y mil veces más si hace falta. Porque mi hogar no es un lugar. Mi hogar soy yo y cada ser que con su amor llega a nutrir, enseñar y habitar, solo los vínculos más genuinos, se quedan para siempre en este hogar, y van conmigo literal a todas partes así, no estemos juntos físicamente. Mi hogar va conmigo. Y eso, para mí, es vivir con el corazón ligero como una pluma. He aprendido que siempre se quedan compartiendo su propio hogar con nosotros quienes nos aman y que en el caminar llegan muchos seres maestros a llenarnos de su amor, a mostrarnos sus colores, la vida nos va dejando todos esos vínculos fuertes, para sostenernos siempre para nutrirnos constantemente. Y te lo pregunto a ti, que estás del otro lado leyendo cada una de estas líneas… ¿Qué te pesa hoy? ¿Hay algo que podrías soltar, para sentirte más liviano, más libre? Tal vez no haga falta empacar una maleta literal. Tal vez el viaje es interno. Pero sí creo que, cada tanto, podemos mirar dentro y preguntarnos: ¿Estoy cargando con lo que de verdad necesito… o con lo que ya puedo dejar ir?. Que este sea un recordatorio de que tu hogar no es un lugar fijo, ni un “deber ser”. Tu hogar vive en TI. En tu capacidad de adaptarte, de amar, de transformarte. En tu flexibilidad para empezar de nuevo. En tu valentía para hacer que tu corazón, poco a poco… sea tan ligero como una pluma. Gracias por estar aquí. Gracias por leerme. Y que esto que te quiero compartir hoy, te acompañe con amor, como una brisa que aligera el alma. Te abraza siempre Esta eterna aprendiz. Amanda María Ceballos Villa Amy María

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